BANDERA CANARIA BAJO EL MAR

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lunes, junio 26, 2017

LUDOFLORA SE ALEGRA



Se alegra

ríe, divierte
¡jajaja!

Amor, humor
piedra, palmera
colgada del cielo
a punto de caerse.
¡Jojojo!

Cecilia escribe
en las estrellas
o puede que algo
más allá de las galaxias
estén sus musas
un tanto irónicas.
¡Jejeje!

“Ludoflora espacial”
Junio-2017
Félix Martín Arencibia

LUDOFLORA ESPACIAL-SOL

foto de Coca de Armas


Sol
 
tarde, fuego.

Cenicienta
silueta humana
sobre el humo.

Llegará la mañana
quizás la alegría
con rosa rojoazul
de la paz liberada
por nuestro poeta
Pedro Lezcano.

“ludoflora espacial”
Junio-2017
Félix Martín Arencibia

lunes, junio 19, 2017

AHÍ ESTÁ EL SEÑOR GUAYDIL



“Ahí está el señor guaydil…”
 
Ahí está el señor guaydil
que se despierta sereno

 sobre su trono rocoso.
Se abre a nuevas luces
albas de un presente
un tanto incierto.

Abajo, en sus raíces
clavadas en la roca,
pincelan los colores
de una vieja bandera
sin país ni razón de ser.

Enciende sus faroles
sobre una pared destartalada
hecha con piedra del tiempo
que pasó y se hace ahora
para poder adivinar
ese nuevo mañana
que quizás será.

Crece, se yergue, alumbra
El camino de los andantes
puede que algo distraídos
bajo las monotonías
que les atrapan.

Mayo-2017
“Experimentos de alisios”
Félix Martín Arencibia

MELODÍA DE REALIDADES...



“Mañana filtrada...”

Mañana filtrada
por cortinas
inmóviles
Espera ahí fuera
cantando
con el mirlo,
capirote, canario…
Melodías
de realidades
imposibles
o quizás 
abortadas.
 Rocas 
adormildas.

Félix Martín Arencibia
“Experimentos de alisios”
Mayo-2017

lunes, junio 12, 2017

VUELOS DE AUSENCIAS DE PÁJAROS TRANSPARENTES



“Cenizas de miedos
infantiles lejanos...”


Cenizas de miedos
infantiles lejanos.
Palmeras mecidas

alisios liberadores.

Ruedas de coches
arañando el asfalto
sobre su lengua
un tanto amargosa.

Vuelos de ausencias,

 pájaros trasparentes
sobre las sonrisas
desesperanzadas
sostenidos en celestes
semiocultos

entre selvas 
de oscuridad.
“Experimentos de alisios”
Mayo-2017
Félix Martín Arencibia

FUEGOS QUE ENCIENDEN ROJOS BOSQUES




AMIGAS-AMIGOS SE AGITAN LAS CUMBRES DE LA CONCIENCIA...

Fuegos que encienden
rojos bosques...”

Fuegos que encienden
rojos bosques
aún mañaneros.

Se agitan las cumbres
de la conciencia
tal vez alerta.

Las olas y las arenas
juegan a repartirse
la joven alegría
entre hojarasca
con olor a pinar.

A veces se le escapan
por las rendijas
de sus emociones
aquellos grises
algo entristecidos
de un pretérito
que no fue.


Mayo-2017
Experimentos de alisios”
Félix Martín Arencibia










viernes, junio 02, 2017

DESAMOR DE ESQUELETO





"Desamor de esqueleto"

Va y viene, sube y baja
ríe y llora su futuro
aún desconocido.

Se arrepiente,
deja que nazca
la luz en su vientre.
Puede ser alcanzado
por la melancolía.

Amor hierba tierna,
amor de árbol centenario,
desamor de esqueleto.

Satán se revuelve
en el corazón humano
dejándolo bajo dominio
de un mundo insensible.
Tal vez recupere
su aliento.

MAYO-2017
"Experimentos de alisio"
Félix Martín Arencibia

lunes, mayo 15, 2017

VUELOS DE PALMERAS NEGRAS




Vuelos de palmeras negras
sobre las nubes de mis manos

Vuelos de palmeras negras
sobre nubarrones
de mis manos blancas
que las esperan ansiosas.

Miedos de nostalgias
de dragones algodonosos
un tanto oscuros.

Huecos azules desparramados
que conservan mi alegría
escondida entre brillos de maguas.

Siluetas que vuelan
a ritmo de trompeta
quizás desafinada.

Una hoja se asoma a mis ojos
encendida entre frases
tal vez llenas curiosidad.

Manos quieren tocar
la intocable belleza
de la palmera canaria.


"Experimentos de alisios"
 
Félix Martín Arencibia
Mayo 2017

viernes, mayo 05, 2017

EL HOMBRE QUE SABÍA VOLAR (2)

EL HOMBRE QUE SABÍA VOLAR (2)


Una vez más, y ya he perdido la cuenta, renace otro día gozoso inundado de luz, azules, los verdes de nuestras plantas y el color de la hierba que se ha ido secando. Este último indica indica que el verano ya está a la vuelta de la esquina y nos espera con los brazos abiertos. Igual más adelante nos dará un abrazo de asfixiante de oso con una calima y una ola de calor, este año se han producido unas cuantas. Por ahora, una suave brisa acicala las melenas de las palmeras que se muestran un tanto engreídas. Quizás, también algo picaronas, para conquistar a algún otro vecino arbóreo como puede ser un pino, una araucaria… La vida en la naturaleza es algo más complicada que lo que parece, amigas y amigos.


Me encuentro un tanto pletórico y un cierto cosquilleo en el estómago me anima a realizar un vuelo un poco más largo que los anteriores. Saco mis alas plegables, las sacudo para quitarles algo de polvo o humedad que se les haya adherido y remonto al golpito el vuelo. Cojo la máxima altura y contemplo la isla, una vez más con su hermoso traje resplandeciente. Por momentos sus reflejos me obligan a cerrar los ojos, pero por décimas de segundo, luego sigo disfrutándola. Más allá, a lo lejos, el sol está asomando su cara un tanto sonriente y parece guiñar un ojo con algo de picardía. Cualquiera sabe la razón del simpático gesto. Puede incluso que sea invención mía, una especie de celaje. Mi dirijo hacia él atraído como por un imán, sí, de esos que salen de mi imaginación con algo de herrumbre y todo. Me dejo llevar por las corrientes de aire. Ahora me produce algo más de placer. Mi vuelo se hace cada vez más rápido. Ya estoy en pleno Atlántico, el océano misterioso que albergó parte de la mítica Atlántida. Unas toninas saltan bajo mi silueta, parece que intentan agredirme, pero casi estoy seguro que solamente se trata de un juego. 

Allá, a lo lejos, contemplo un grupo de gaviotas, armando un cierto escándalo, como ya es costumbre en ellas. Ahora veo surcar barcos de pasajeros y de carga reflejando una cierta gama de colores hacia los espejos del cielo, que no son por cierto de cristal aunque a veces nos lo parecen. Aparece una isla ante mi vista. Parece un esqueleto alargado, plano, solo con algunas montañas salpicando su cuerpo. Ah, es Fuerteventura, la mítica y primitiva Erbania. La sobrepaso rápidamente, aunque no me falten las ganas de bajarme. Paso el islote de Lobos, que no tiene lobos, puede que cuando tenga tiempo les explique tal contradicción.

Félix Martín Arencibia


 

EL HOMBRE QUE SABÍA VOLAR


EL HOMBRE QUE SABÍA VOLAR

Una vez más, y ya he perdido la cuenta, renace otro día gozoso inundado de luz, azules, los verdes de nuestras plantas y el color de la hierba que se ha ido secando. Este último indica indica que el verano ya está a la vuelta de la esquina y nos espera con los brazos abiertos. Igual más adelante nos dará un abrazo de asfixiante de oso con una calima y una ola de calor, este año se han producido unas cuantas. Por ahora, una suave brisa acicala las melenas de las palmeras que se muestran un tanto engreídas. Quizás, también algo picaronas, para conquistar a algún otro vecino arbóreo como puede ser un pino, una araucaria… La vida en la naturaleza es algo más complicada que lo que parece, amigas y amigos.


Me encuentro un tanto pletórico y un cierto cosquilleo en el estómago me anima a realizar un vuelo un poco más largo que los anteriores. Saco mis alas plegables, las sacudo para quitarles algo de polvo o humedad que se les haya adherido y remonto al golpito el vuelo. Cojo la máxima altura y contemplo la isla, una vez más con su hermoso traje resplandeciente. Por momentos sus reflejos me obligan a cerrar los ojos, pero por décimas de segundo, luego sigo disfrutándola. Más allá, a lo lejos, el sol está asomando su cara un tanto sonriente y parece guiñar un ojo con algo de picardía. Cualquiera sabe la razón del simpático gesto. Puede incluso que sea invención mía, una especie de celaje. Mi dirijo hacia él atraído como por un imán, sí, de esos que salen de mi imaginación con algo de herrumbre y todo. Me dejo llevar por las corrientes de aire. Ahora me produce algo más de placer. Mi vuelo se hace cada vez más rápido. Ya estoy en pleno Atlántico, el océano misterioso que albergó parte de la mítica Atlántida. Unas toninas saltan bajo mi silueta, parece que intentan agredirme, pero casi estoy seguro que solamente se trata de un juego. Allá, a lo lejos, contemplo un grupo de gaviotas, armando un cierto escándalo, como ya es costumbre en ellas. Ahora veo surcar barcos de pasajeros y de carga reflejando una cierta gama de colores hacia los espejos del cielo, que no son por cierto de cristal aunque a veces nos lo parecen. Aparece una isla ante mi vista. Parece un esqueleto alargado, plano, solo con algunas montañas salpicando su cuerpo. Ah, es Fuerteventura, la mítica y primitiva Erbania. La sobrepaso rápidamente, aunque no me falten las ganas de bajarme. Paso el islote de Lobos, que no tiene lobos, puede que cuando tenga tiempo les explique tal contradicción.























Félix Martín Arencibia

martes, mayo 02, 2017

DESDE BANDAMA




Santa Brígida desde Bandama (Gran Canaria)
BANDAMA

Bandama
oteo la tristeza
envuelve belleza
del paisaje
íntimo penetra
corazón
grises, azules,
verdes serenos.
Fuegos
prenden
interior
montañas
volcanes
siglos
fosilizados
tiempo.

Félix Martín Arencibia

viernes, abril 28, 2017



EL HOMBRE QUE SABÍA VOLAR

Hoy el azul y el blanco comparten el dominio de las alturas que pueden a llegar a ser siderales. ¿Tal vez no sea tanto? Yo extiendo mis alas, algo adormecidas todavía, con cierta lentitud perezosa con regusto placentero. Respiro el aire puro aromatizado por la retama, los codesos, los pinos, los laureles... Poco a poco, sin apenas darme cuenta, mi espíritu se va embriagando de plenitud y hasta del amor a la tierra que me parió. Ahora doy vueltas alrededor del Sagrado Nublo, con su forma fálica que a algunos melindrosos trasnochados puede resultarles obscena. Mi corazón, se lo aseguro, baila al ritmo de algunas melodías que pueden ecos milenarios. ¡Poema de potencia sexual y fertilidad simbolizado en dicho roque! Debajo, la Caldera de Tejeda, el útero gigante sobre una “tormenta petrificada”, como creo que la llamó así un tal Unamuno, juntaletras español por muchos conocidos. Lo de juntaletras no tiene sentido peyorativo, pues bien que le respetamos. Vuelo y revuelo. Subo y bajo, como niño divirtiéndose en un tobogán. Azul infinito y en picado cayendo sobre la presa, como si fuera un cernícalo. Hundiéndome sobre el gánigo formado por cráteres erosionados ¡Felicidad de erotizado placer! Creo que a más no se puede llegar o quizás estoy exagerando. Ante la embarazosa duda digo que solo sé que no sé nada, podría añadir como dijeron otros antes. (del libro "El hombre que no sabía volar"). (CONTINUARÁ)

FÉLIX MARTÍN ARENCIBIA

jueves, abril 27, 2017

LA PRIMAVERA SE HA ENCENDIDO DE PROMESAS

SE REVUELVE LA PRIMAVERA

La primavera se revuelve
nerviosa, inquieta, furiosa.
Mis emociones se agitan
entre las nubes negras
y rendija de luces solares
que apagan mis tristezas
nacidas en el frío invierno
de mis soledades
tal vez queridas
O quizás impuestas.

LA PRIMAVERA SE HA
ENCENDIDO DE PROMESAS

La primavera se ha encendido
con promesas, alegrías
y miedos algo ocultos.
Con las flores multicolores
alumbradas por Magec,
el sol nostálgico
de la noche del estío
un tanto ardiente
suavizada por Ziday,

la canaria diosa del mar.

Félix Martín Arencibia

jueves, noviembre 17, 2016

ADELA MELENALIBRE

"MELENALIBRE" es un relato de la antología narrativa de libro Bajo sueños de volcán editado en Rumanía en español,  francés y rumano 

MELENALIBRE
El cabello de Adelita le llegaba casi a acariciar sus pies, más concretamente le cosquilleaba a la altura de sus huesudos tobillos. Algunas veces, muy pocas, lo llevaba recogido. La mayoría de las ocasiones lo mostraba libre, a su aire. Pudiera parecerse en movimiento, cuando por prisas se echaba a correr, a un equino con la cola en plena carrera agitada por el viento. <>.

¿No… te… molesta? – expresó con dificultad un muchacho que se le acercó.

¡Qué va! –Le contestó la muchacha.

¿Te costará… mucho… cuidarlo?

No, eso creen algunos, pero están muy equivocados.

¿No se… te enreda al caminar? –Preguntó con algo menos dificultad.

¡Estoy acostumbrada y tengo mis truquillos! – dijo Adela, mientras se le escapaba un guiño.

Esas fueron las primeras palabras que se cruzaron Pedro Palmeral el << Alucinado>> y Adela Tatautey, <>. Esto hecho, no crean que resulta intranscendente. Sucedió después de varios meses en que Pedro la seguía medio a escondidas entre las estanterías del supermercado de Juanito Rodríguez.

La cabellera de Adela era de un color azafranado, al menos con ese vocablo la conocían los abuelos. Hoy le llamaríamos, lo más normal, pelirroja. Tenía un tono un tanto intenso y con los reflejos solares semejaba una llamarada. Sus ojos eran pequeñitos, dos puntitos, quizás apenas dos minúsculos botoncitos, pero resultaban ser nítidamente rojos. En la penumbra destacaban como los de un gato cuando lo encierran en una habitación a oscuras. Todo esto les puede parecer raro, pero resultaba ser así, como se lo contamos. Es verdad que era un poco rarita, o quizás un mucho, no podemos negarlo.

Bueno, de su cuerpo hemos de decirles que era más bien delgado. Su piel, salpicada de lunares, parecía un vestido más cuando se miraba semidesnuda al espejo, no sin un cierto rechazo. Como es lógico, ante los demás, se le notaban algo más las pecas cuando era verano y vestía con ropa más ligera. Los huesos daban la impresión que se te iban a clavar en la vista. ¡Era un auténtico palillo! ¡Pero qué palillo! Al menos eso podemos deducir al ver cómo trataba casi de engullirla con la vista el <>. Ella miraba y se movía de una forma diferente, algo difícil de explicar. << ¡Cómo agita su pelo y su cuerpo! ¡Es una semidiosa!>> –pensaba para sí el un tanto atontado, casi hipnotizado admirador.

Adela vivía ajena a estas consideraciones, ni por lo más remoto se le pasaban por la cabeza. Los demás chicos parecía que la encontraban algo repulsiva y engreída. Al menos era lo que se desprendía de las expresiones que emitían pretendiendo ser insultantes:

¡Adiós, bichito raro!

¡Hasta luego, palillito!

¡Hay va una melena caminando!

¡De qué planeta bajaste, chica!

Ella callaba y trataba de mostrarse indiferente. Todo esto, a pesar de ser una persona más bien alegre, en ocasiones la entristecía. El desprecio que recibía de sus semejantes le hacía sentirse algunas veces parecida a un marciano. En otros momentos más lúcidos pensaba: <>. Reconocía que era algo diferente, nada más. A estos pensamientos le seguían otros algo más angustiosos. Incluso, en algunas ocasiones en lo que lo veía todo un tanto oscuro, llegaba a plantearse cortarse para siempre su hermosa melena, quedarse con la cabeza rapada y no volver nunca más salir a la calle.

Pedro, en cambio, casi todos los días iba al súper a intentar verla. No les hemos contado amigos, que El Alucinado era más bien normalito, de una talla media y tirando más bien a delgado sin serlo del todo. Su pelo lo tenía más bien negro y la cara un tanto redonda. Solamente su aspecto un tanto hechizado, embebido, le granjeó el apodo con el que lo conocemos. Ah, para espiar a Melenalibre se escondía tras las estanterías para procurar robarle algún perfil novedoso. También para tratar de desentrañar el misterio de sus movimientos que tanto le intrigaban y a la vez le sorprendían. Algunas veces su <> movía a la vez su pelo y su cuerpo de una forma perezosamente lenta y trasmitía una especie de sensualidad indolente. Si se fijaba bien era un tipo de danza que sólo él, Pedrito, el <>, podía percibir con cierto detalle. Sin embargo, le resultaba costoso trasmitirlo a otros, como ya les hemos contado. ¡Tan enamoradito, jajá, estaba el pobre don Juan! CONTINÚA

FÉLIX MARTÍN ARENCIBIA

jueves, noviembre 10, 2016

DESDE EL GUINIGUADA. CORREOS A LOS AMIGOS

"DESDE EL GUINIGUADA. CORREOS A LOS AMIGOS" se trata de un libro de artículos y ensayos publicados en el diario  LA GACETA DE CANARIAS ENTRE  entre 2006 y 2008 editado en EDICIONES IDEA. Les  propongo la lectura de uno de los artículos:



A NUESTRAS MUJERES POETAS


El día en nuestro Archipiélago se ha despertado esplendoroso, no sabremos cuándo girará esta siempre volátil primavera. Bencomo Marrero está pensando en los problemas que ha tenido la mujer canaria para dar a conocer su producción literaria. Nuestra literatura ha sido esencialmente oral, de ahí que con seguridad mucha se haya quedado traspapelada en los pliegues del tiempo. Por tanto, la que ha encontrado alojo en la versión escrita, ha resultado ser muy reducida. A esta dificultad habría que añadir la marginación cultural a que se han visto sometidas nuestras mujeres en una sociedad machista. Además nos revela Eugenio Padorno en su pequeña antología “Coro femenino de la Poesía Canaria”, que gran parte de la poesía femenina recopilada no ha estado impresa en libros sino que se ha encontrado dispersa en la prensa diaria, revistas literarias y otros medios.

Bencomo piensa que habría que seguir recopilando y publicando la obra literaria de nuestras mujeres que ha quedado olvidada. Como homenaje a la poesía femenina canaria, cree el viejo profesor que podríamos darnos un paseo por los campos líricos de nuestro Archipiélago. Así tendríamos a María Viera y Clavijo (1736-1819): “Un jardín aromático imitaba / el sepulcro feliz que los cubría / fragancias celestiales exhalaba…”. Podríamos seguir avanzando con la nube errática de Fernanda Siliuto Briganty (1834-1859): “¡Nube errante, nube errante / que al cruzar en raudo vuelo / tiendes tu velo flotante / sobre el claro azul del cielo!”. Ir detrás de los sones de la lira de Cristina Pestana Fierro (1834-1860): “De tu lira esplendente la armonía, / ¡oh! mi sueño arrulló con tal amor…”. Volar con las imágenes soñadas de Victorina Bridoux (1835-1862): “Vivir con el pensamiento / entre imágenes soñadas…”.


Sigue el viejo profesor su vuelo sobre los campos poéticos de nuestras poetisas. Ahora planea sobre la ilusión de Bohemia Pulido Salazar (1897-[¿?]: Blanca, tenue, vaporosa, / ligera, fugaz, / mi ilusión hecha jirones…”. Navega sobre la cárcel de la isla de nuestra Chona Madera (1894-1980): ¿Tú hasta cuándo isla mía? / ¿Hasta cuándo tu mar, tus arrecifes, / cárcel en que me muevo?”. O se posa en la pluma mordaz de Agustina González Romero, apodada “La Perejila”: “Bajo esta losa fría / reposa el célebre vate / que dejó en fiero combate / a sus hermanas y su tía…”. O sobre la poetisa del amor perenne, Pino Ojeda (1916-2002): “Mi corazón está lleno de ti / pero mi corazón te desea tanto / que parece estar vacío de ti...”. Quizás sobre las “Playas vacías” de la siempre recordada Pino Betancor, compañera de nuestro pintor colorista de las más bellas imágenes poéticas José María Millares Sall: “Suavemente la tarde se adormece en la playa. / Una mujer se extiende como un alga sombría / sobre la húmeda caricia de la arena.” Ya la primavera metida en su noria de vértigo nos brinda un cielo poblado de negruras.